Posteado por: elcubanoloco | Domingo, Julio 6, 2008

Elpidio Valdés y… ¡Olé!

Elpidio ValdesAyer mientras leía el artículo “El turno de los terceros” en Generación Y me cruzaron por la mente toda una serie de imágenes y pensamientos. Algunos claros y definidos: realistas; otros más brumosos y surrealistas. Todos entremezclados en una amalgama increíble.

Lo primero que golpeó mis neuronas como un rayo fue la cifra de 3 millones de cubanos aplicantes para optar por la ciudadanía española. Yo no soy nada bueno en estadísticas ni poseo ninguna información comprobada pero basado tan solo en un estimado instintivo diría que el número superaría esa cantidad. Si preguntara, por ejemplo, a mi amigo Roberto de seguro replicaría algo como esto: “¿Tres millones? Chico, posiblemente el que no haga cola pa´ eso es porque está tan sala´o que no tiene un “gallego” en su genealogía.” Y tal vez no ande tan lejos de la verdad mi amigo.

Recuerdo haber leído hace casi un año atrás un artículo de un diario español, ahora no recuerdo cual, donde relataban sobre las discusiones en el Parlamento para aprobar la Ley de la Memoria Histórica (la ley de marras que nos ocupa) Y decía el articulista una de las preocupaciones de los parlamentarios era la probable avalancha de cubanos y filipinos que podrían acogerse a la regulación. Obviamente decidieron tomar el riesgo y al final la ley se aprobó y ahora andan los cubanos, aquellos que dichosamente tienen sus ancestros en la Madre Patria, como locos de atar a la caza de los documentos pertinentes para poder colocarse en la fila de peticiones en cuanto llegue el momento.

Sin ir más lejos, pongamos por ejemplo mi propia familia. Soy descendiente de valenciano y canarios. El padre de mi abuelo materno emigró de Valencia en su temprana juventud, radicándose en Matanzas y trabajando gran parte de su vida en los ferrocarriles. Pues ahora resulta mi tía Lola anda sofocada buscando la partida de nacimiento de mi abuelo y la de ella así como también los documentos de inmigración e identidad de Don Vicente, mi bisabuelo. Todo para probar ella es legítima descendiente (nieta, o sea de grupo de los “terceros”) de un valenciano honesto y recto; todo lo cual podría asegurar le otorguen ciudadanía española y por transitividad convertirse en ilustre ciudadana de la pujante Unión Europea. Créanme, grandiosa meta la que se propone mi tía y a la par de ella muchos otros cubanos; una meta que no pocos lograrán poniendo a trabajar la tenacidad y voluntad que nos caracteriza. Otros muchos aunque tengan la posibilidad y el derecho para solicitar dicha naturalización no lo harán por una razón tremendamente inconcebible pero simple a la vez: el miedo. Pero ese será tema para otro momento.

Leyendo el artículo de Yoani no pude evitar esbozar una sonrisa medio irónica y como muchas otras veces dedicarle una loa silenciosa al señor Alejo Carpentier. No sabría decir si nuestro ilustre novelista tenía total conciencia de estar creando la categoría que mejor y más sucintamente resume y describe a nuestro país, a su gente y su entorno cuando acuñó el término de “lo real maravilloso”. Algo que según los dictados de toda lógica no tiene sentido ni razón de ser o existir pero que en el marco acalorado y “mágico” de nuestra Isla se convierte en realidad sin discusión, más allá de cualquier análisis.

Lo último que me vino a la mente fue la imagen del héroe más famoso de los dibujos animados cubanos, en la época de mi juventud al menos: Elpidio Valdés. ¿Se acuerdan del “insurrecto, pillo y manigüero” Mambí que en ocasiones nos deleitaba, desde la Programación de Verano en televisión, las tardes calurosas de vacaciones? ¿Recuerdan como no cesaba de fajarse con los españoles de la historieta y siempre les ganaba? Pues me acordé del personaje de los muñequitos quien representaba al cubano y su espíritu de lucha y libertad. Por esas jugarretas de la mente Elpidio se entremezcló con el concepto carpentieriano de lo real maravilloso e imaginé al ilustre mambí de ficción buscando desesperadamente un antecedente “gallego” para poder acogerse a la nueva ley de naturalización de la Península. Mi delirantes neuronas rodaron un poco más y vi al pobre Valdés con su blanco uniforme, su paraguayo y su sombrero esperando interminables horas bajo el sol caribeño, sudando como buen cubano junto a la turba de compatriotas impacientes que como culebra humana hacían cola a todo lo largo de la acera del Paseo del Prado hasta llegar a las promisorias puertas de la Embajada de España.

Imagínense ustedes a nuestro amigo mambí, una vez ya dentro de la Embajada, enfrentarse al Excelentísimo Embajador, quien no era otro que el ex-general Resoplez, y a su secretario ejecutivo: el Andaluz. ¡La cara que pondría el atribulado Valdés al constatar su naturalización “gallega” estaba en manos de sus otrora tan encarnizados enemigos a los cuales tanto ridiculizó. De seguro pensaría en las ironías que tiene la historia y las jugadas que suele hacernos. Pero imaginemos un final feliz para esta historieta cubana. Después de un ligero berrinche de Resoplez y unos cuantos “¡Josú!” mascullados entre dientes por el Andaluz nuestro compatriota Elpidio abandonaría radiante la sede diplomática peninsular, pasaporte ibérico en mano, y se perdería entre los transeúntes del Prado.

Echemos mano a un recurso literario para avanzar esta historieta unos diez años hacia el futuro y poder ver el arribo de un vuelo de Iberia procedente de Madrid, aterrizando repleto de turistas en el Aeropuerto José Martí. Imaginemos entonces los turistas españoles con sus “zetas” a cuestas haciendo los rutinarios trámites de inmigración y aduana. Colémonos en uno de los cubículos donde un peninsular, sospechosamente desenfadado, sonriente y de piel aceitunada, hace su trámite de entrada a Cuba. Escuchemos el hipotético dialogo:

- Su nombre completo, por favor. – pregunta receloso el oficial de inmigración cubano, luego de recibir del turista el pasaporte europeo.

- Erpidio Vardéz, para servir a Usted y a Dios.

- ¿Nacionalidad? – Increpa el oficial, mirándolo fijamente y cada vez más desconfiado.

- ¡Josú, chava´! Por supuesto que español, ¿acaso no veis el porte….y el pasaporte?

- Pero es que la verdad Usted me parece conocido, ¿ha estado antes en Cuba? ¿Ha residido acá en el pasado?

- ¡Pos que os digo que no, tío! Soy mas castizo que el Madroño.

Al borde de la desesperación y no queriendo ofender al turista, tan necesario para que sigan entrando los “fulas”, casi grita el oficial:

- Pues si es tan castellano y castizo…¡Demuestrelo!

Y ahí arranca nuestro héroe de muñequitos  a cantar y bailar un improvisado pasodoble en el minúsculo cubículo y ante los ojos azorados del funcionario concluye con par de vueltas ampulosas y tirándose de rodillas declama:

- Yo soy Erpidio Vardéz….¡y OLÉ!

No se ustedes pero yo juraría Alejo Carpentier, si aún estuviese entre nosotros, sufriría un ataque de convulsiones y fallecería de nuevo. ¿Real maravilloso, no? Alejo, con todo respeto… ¡se quedó Usted corto!


Respuestas

  1. es una verdad tan dolorosa y grande que si los mambises resucitaban se suicidarian, a eso ha llevado al pueblo de cuba el “hijo de p… en jefe” que no se acaba de despedir de este mundo que tanto necesita de su ausencia. Y recuerdo ademas un verso de una cancion del trovador cubano Frank Delgado al referirse a la precencia espanola en la cuba actual y el apartheid cubano “…si Maceo recusita y va a entrar al Sol Melia seguro de arma otro Baragua”, en fin… el mar


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