Quien soy?

Nada me cuesta tanto esfuerzo como intentar describirme o definirme a mi mismo. Por seguro se quien y como soy, pero diferente asunto es expresarlo de manera simple. Sin embargo, hagamos el intento…

Soy un Cubano de a pie, nacido tres años antes de la tristemente celebre Zafra de los Diez Millones por todo lo cual no llegue a tiempo para la misma. Tuve la dicha de llegar al mundo casi una semana después del Solsticio de Junio en la ciudad de Matanzas, cabecera de la provincia del mismo nombre y cuna de varios cubanos celebres.

Como cualquier chamaco de la época pase buena parte mi infancia esperando el mes en el cual nuestros padres podrían comprarnos los tres juguetes que nos tocaban anualmente, gracias al equitativo racionamiento, los cuales estaban supuestos a sobrevivir doce meses de intenso uso por parte de los infantes. Para ser mas justos a la verdad, pasábamos la mayor parte del tiempo en la escuela esforzándonos para convertirnos, eventualmente, en el hombre nuevo; repitiendo diariamente “seremos como el Che” sin tener ni idea de que significaba la dichosa frase; mataperreando después de clases y fines de semanas por el patio de trenes de la Terminal de Ferrocarriles, explorando la loma de La Raspadora, jugando pelota “a la manito” o escapándonos a refrescarnos la piel en las aguas de la bahía, al resguardo de una de tantas caletas o playitas.

Al ir creciendo fueron lógicamente variando mis gustos e intereses. Con la entrada a la secundaria sedimento mi interés por los libros y el cine pasando horas en la biblioteca Gener y del Monte donde devoraba cuanto material estuviera a mi alcance, desde novelas hasta panfletos de quiromancia, desde tratados de medicina interna hasta libros de arte. Obligada era la asistencia una vez por semana al cine de estrenos de la ciudad para ver el filme de turno sin discriminar por temas, nacionalidades o idiomas. Venia bien lo mismo una comedia de Belmondo que “La Batalla por Moscu”. A fin de cuentas en aquel tiempo y lugar pocos otros entretenimientos había; o al menos desde el punto de vista del exiguo presupuesto de un adolescente con poco dinero y demasiadas preguntas y ganas de aprender. Si la programación cultural y mis ahorros eran propicios pues entonces me daba el lujo, junto a algunos amigos y amigas, de asistir al legendario Teatro Sauto a disfrutar de alguna presentación.

A la vuelta de casi dos décadas, y no sin poco esfuerzo en las aulas y bastante sudor regado en “escuelas al campo”, logre entrar en la Universidad a estudiar Arquitectura quizás influenciado por tanta lectura y cinematografía y tremendamente alentado por el padre de una amiga de entonces, quien también es arquitecto. Así las cosas, cargue mi mochila y me fui por un lustro a la Universidad Central de las Villas donde gane tantas experiencias y amigos que no cabrían en esta pagina de manera que los dejare para ir deshilachándolos en algunos de los “post” de este blog.

Al concluir y graduarme, regrese a mi Matanzas natal donde empecé a trabajar en una de las empresas adjuntas al Ministerio de la Construcción. Allí comenzó mi viaje en la vida de adulto y profesional el cual no concluye hasta hoy y que me ha llevado por no pocos rumbos. Pero eso también Serra tema para ir contándolo de a poco en el blog. En todo ese tiempo no creo hayan variado mucho los intereses que ya tenía a los 14 años: aun siguen fascinándome los libros y el cine, la buena música de cualquier género, el arte en general y las obras de arquitectura e ingeniería en específico. Añadí un interés, casi enfermizo según algunos amigos y familiares, por los computadores y todo lo relacionado con ellos. Tal vez sigo siendo una especie de soñador, pero con los pies atornillados al suelo pues caer desde la altura de los sueños puede ser fatal para la salud.

Hoy, sigo viviendo en este planeta del cual no puedo escaparme; continuo haciendo lo mejor que se hacer y sigo sonriendo como terapia infalible contra la amargura y la depresión. Sigo sentado viendo las imágenes de la vida pasar, sigo dedicándome a pensar locuras y poesías en mis ratos libres, sigo amando el sol del caribe y la arena de Varadero. Aun hoy me quedo sin aliento ante la belleza de las cubanas, sonrío ante la algarabía de mis compatriotas y me enorgullezco de ser cubano. Hoy mientras me siento a escribir estos párrafos, continuo siendo El Cubano Loco.